domingo, 30 de octubre de 2011

Paseando con las estrellas (II)

Mi espacio… nuestro espacio.

A menudo pensamos que poco vale la visión que los niños pueden darnos de las cosas. Creemos que su pensamiento habría de ser como el nuestro pero en chiquitito y por eso tratamos de explicarles nociones transcendentales,  conceptos abstractos o temas que nos resultan embarazosos apoyándonos en  semillitas, mundos de color azul,…o simplemente evitando temas que no podemos siquiera explicarnos a nosotros mismos.

No obstante, hemos de considerar que ellos tienen una forma particular de ver el mundo. En muchas ocasiones he tenido la suerte de encontrarme con algún sabio de tres años que me ha revelado secretos que mi concienzuda y lógica mente de adulto jamás hubiese sido capaz de descubrir: la forma de caminar de aquel amigo, el tono levemente rosado de aquella flor que percibía simplemente blanca, el humor de aquellos adultos que nos visitan, …Son capaces de percibir nuestro estados de ánimos incluso antes de que nos percatemos interiormente de ellos y de descubrir con un simple golpe de vista que el sol brilla en nuestro corazón esa mañana.

Es el mundo, el espacio… lo que nos presentan hoy. Su espacio es  nuestro espacio. Un planeta en el que solo cabe su familia. Una tierra en la que todo es de color de rosa. Un sol de tamaño de bolsillo. Un eclipse que más que oscurecer nos ilumina. El mundo que parece una pelota. Movimiento, cohetes, seres extraños, el vacío y el silencio. Tierra de fuego, color y calor. Un planeta en mis manos…

Antes de que sus mentes infantiles se llenen con el nombre de cometas, constelaciones extrañas, planetas de variados colores, estrellas que se mueven o nos guían a través de los mares, tamaños, proporciones, movimientos exactos,…quisiera que pensáramos un momento que el sol no puede ser más grande que la tierra; que la tierra no puede verse de otra forma, desde un cohete, que llena de colores; que aparte de los hombres habrá otros seres que no son tan extraños; que el mundo podría caberme en una mano; que la tierra la pueblan tan sólo los que amo;…


jueves, 29 de septiembre de 2011

Un año en la red

Hace algo más de un año que se abrió esta ventana en nuestra aula. A través de ella, padres, madres, abuelos, demás familiares y amigos, profesionales de la enseñanza y aficionados al mundo de la educación, han podido pasarse por nuestra clase y conocer algunas de nuestras actividades, nuestra pequeña historia y nuestro día a día.

Quise con ello presentar a las familias un “diario de clase” y abrirles la posibilidad de participar, opinar y sentirse motores, también en el colegio, de la educación de sus hijos. El buen ambiente de amistad y cooperación que se ha ido conformando entre los que pertenecemos a la comunidad escolar “La casita de Miguel” da buena fe de ello.

Realmente me parece que hace un siglo que publiqué la primera entrada. Por algunos problemas de salud, no estaba hecha a la idea de ser tutora de niños de tres años. Me parecía una meta insalvable. Sin embargo, poco a poco, fuimos conociéndonos y ocurrió lo que siempre suele suceder en estos casos, nos enamoramos. Llena de temores e incertidumbres, por mi falta de conocimientos en temas informáticos,  pero con la intención de hacer crecer poco a poco nuestra ilusión y compartir  mi vocación por la enseñanza, comencé a asomarme tímidamente en la red. Después fueron los propios niños y niñas los que deseaban contar en casa sus experiencias,... tan sencillo como conectar el ordenador y ya tenemos a mamá, papá o los abuelos conociendo nuestra vida escolar, haciendo crecer la motivación y fomentando los aprendizajes, casi sin proponérselo. Ya no se interpone la exigente vida laboral de los papás, ni las distancias, para compartir su mundo con las personas que más los quieren.

Me gustaría dar las gracias por el apoyo de los padres y madres, que con su entrega hacia los peques y su interés y entusiasmo dan sentido a este portal. También agradecer a todos los amigos y compañeros, especialmente a Inma Carmona y a “los gileneses exploradores”, que me han dado muchas pistas para poder convertirme en una blogera eficaz. A todos los seguidores del blog tanto a los que figuran al margen de la página, como los que nos siguen asiduamente en el anonimato, no sólo desde Alhaurin de la Torre y Málaga sino también desde Madrid, Salamanca, Jaén, Córdoba, ciudad de Lima (Perú) y otros países del mundo como Finlandia y Rumania, donde tenemos familia,  y Canadá, desde donde nos visita frecuentemente algún amigo fijo que espero algún día se nos dé a conocer. Y especialmente al primer seguidor, Carlos, mi marido, que tiene el privilegio de ser siempre el primero en leer los artículos ya que goza de cierto enchufe con la autora.

Un recuerdo especial para nuestros amigos japoneses, que nos agradecieron el aire que le  enviamos para limpiar Fukushima. Los llevamos en el corazón y seguimos deseándoles lo mejor para su pronta recuperación.

Me lancé a esta aventura, llevando como equipaje únicamente mi inexperiencia en el mundo digital, mucha ilusión renovada y el deseo de compartir mi particular forma de entender la Educación Infantil. Ha pasado un año. Juntos, maestra y peques, hemos crecido. Nuestra historia continúa…seguiremos haciendo escuela y compartiendo nuestras vivencias con los que lo deseen.

“La casita de Miguel” cumple un año. ¡Felicidades para todos los que de alguna forma se encuentran unidos a ella! El blog ha crecido gracias a vuestro cariño.

¡Un abrazo y hasta pronto!


jueves, 7 de julio de 2011

Hacer verano es hacer familia

Taller de sal
Si bien el verano acababa de asomar en nuestro calendario, sentíamos su influencia desde hacía unas semanas. La eminente llegada de las vacaciones, toda la preparación de la fiesta de fin de curso, el trasiego de ropa y calzado veraniego, la preparación de las salidas o viajes… nos sumerge en una estación que muchas veces más que relajarnos nos estresa más.

Taller de pompas
No podíamos acabar el curso sin cerrar nuestro ciclo de estaciones. Aunque un tanto apretados, por las fechas (el curso terminaba el día veintitrés de junio), deseaba que el taller se celebrase realmente en verano. Teníamos que lograrlo.

Taller de agua
Ante la opción de realizarlo sola con los peques o de que los padres y madres acudiesen a colaborar, muchos estaban dispuestos a participar y tenían disponibilidad para ello. Así que manos a la obra y a aportar cada uno lo que una servidora va demandando por aquí y por allá. Esa colaboración anónima y secreta no tiene precio y es de un valor incalculable. Personalmente he de decir que cuando ves a unos padres colaborar, casi a ciegas, en aquello que le solicitas, sientes una gratitud enorme porque esa confianza que ponen en aquella actividad que programas para sus hijos se traduce en una en un estímulo energético que te impulsa a andar planeando la siguiente actividad antes de haber acabado la primera.

Con ayuda, todo es fácil
Por otra parte, los padres y madres aprecian el valor de la tarea y, de esta forma, apoyan conscientemente o inconscientemente los aprendizajes en casa, con sus preguntas, con sus aclaraciones y en muchos casos con sus investigaciones y ampliaciones de los temas en familia. Les estamos mostrando que realmente nos interesa lo que aprenden en el colegio, sin darnos cuenta, vamos inculcando en ellos el valor de la cultura, la investigación y el trabajo en grupo.

Hicimos tres grupos de niños. Y se montaron tres talleres simultáneos. Dos en el patinillo y uno en la clase.
Tenían que rotar cada media hora, aproximadamente.

A ver quien lo consigue
El primero de nuestros talleres era de sal. Con ayuda de los mayores fueron tintándola de colores con tizas y llenando pequeños recipientes. Me hubiese gustado encontrar algo más apropiado pero al final, tuvimos que usar copas de champán desechables de plástico. No obstante, el resultado me pareció espectacular. Una idea genial para copiar y decorar la mesa para cualquier ocasión especial, con ayuda de nuestros peques.

Con espuma el agua es más "diver"...
Tuvimos también un taller de pompas o burbujas, como las llaman en otros países latinos. No dimos con la proporción exacta de jabón, agua y glicerina por lo que no pudimos realizar las pompas gigantes con las que había soñado. Queda pendiente para otra ocasión porque esta espinita no me la dejo clavada. Realmente el verdadero fracaso estuvo en mi orgullo malherido más que en otra cosa, porque los niños se lo pasaron de lo lindo soplando para levantar espuma, creando sus burbujas al aire, haciendo pompas gigantes sobre la mesa y dejándose hacer algunas, sobre sus barriguitas.

¡Una pompa en mi barriga!
Por último, el taller estrella era el de agua con experiencia de flotación. Con una piscinita pequeña en la que no acabaron dentro por muy poquito, pero con la que se remojaron a gusto, salpicaron, flotaron barquitos, patitos, cocodrilos y hasta arañas acuáticas. Como remate, haciendo tímidas incursiones a la zona del taller de pompas, acabaron llenándola de jabón. Lo pasaron en grande, salpicándose y refrescándose.

Menudo banquete que nos espera
Al final nos dimos el banquetazo veraniego. No nos hicieron falta ni refrescos, ni helados, ni cervezas "cero cero". Tomamos lo que nos ofrece el terreno en esta época, lo más sano y natural, la fruta. Sandías y melones, que escogieron con cariño para nosotros el papá y la mamá de Pedro, dulces y deliciosos.  Creo que la traca final fue la sorpresa de la aparición nuestro cocinero Sebastián , que se ofreció amablemente a ayudarnos. Trinchó dos sandias enormes y un melón en menos de un minuto. Y a disfrutar… aunque para algunos peques parecía difícil superar la aversión por la fruta, al final todos la probaron y disfrutaron de las delicias de su fresco paladar. Los mayores que habíamos sudado lo nuestro corriendo de aquí para allá, también tuvimos nuestra recompensa merecida y disfrutamos aún más si cabe, saboreandolas al mismo tiempo que veíamos comer a los peques, deleitándose con la jugosa fruta, mientras ríos de néctar rosado resbalaban despacio por sus mejillas y barrigotas.
A algunos les cuesta probar...

Una manera de comenzar nuestro verano demostrándonos que es fácil buscar entretenimientos sencillo para los niños, sin necesidad de visitar Euro Disney,... que cualquier actividad con el papá y la mamá puede convertirse en una celebración, que el buen tiempo invita a disfrutar más de las familias, a compartir con amigos. Que no es necesario elaborar platos complicados para compartir un manjar delicioso en un ambiente festivo y fraternal.

Ahora nos toca descansar de prisas y rutinas, disfrutar y sobre todo, compartir nuestro tiempo con los peques. Y que no se diga, hacer verano es hacer familia,…abramos nuestra página familiar compartiendo nuestros gozos, pequeños logros, nuestros dificultades, nuestras sencillas actividades,…esas pequeñas cosas cotidianas que hacen grande nuestra vida y una vida grande no es cosa pequeña.
Dulce, fresquita  y deliciosa...

También pintamos manzanas para nuestro árbol...ya tiene fruto.

Al día siguiente terminamos la fruta...menuda despedida

miércoles, 29 de junio de 2011

I have a dream (Tengo un sueño)

Este año bailamos con Abba
Durante estas fechas y desde la primavera,  en nuestro patio escolar, muy a menudo, encontramos pequeños pajarillos que han tenido el infortunio de caer del nido antes de ser suficientemente maduro para ello. A veces logran sobrevivir a la caída pero la mayoría yacen sin vida cuando los niños los descubren. Es una escena tan cotidiana que incluso la mayoría de ellos están acostumbrados a experimentarla y somos tal vez los adultos los que nos compadecemos más ante estos hechos. Quizás porque conocemos el misterio que encierra la transmisión de la vida o tal vez, porque nos muestra la otra cara de la moneda que supone el hecho inevitable de la muerte.
Nuestra canción: "I have a dream"

No podemos evitar, con sentimientos humanos, que estos hallazgos frecuentes nos produzcan malestar, pena y un cierto sentimiento de queja interior. Aunque lo cierto es que parece ser que esto es parte del ciclo de la vida y que el hecho de que estos caigan del nido, propicia que los que queden en él, reciban mayor aporte de alimentos, crezcan más fuertes y tengas mayores posibilidades de sobrevivir.

El estribillo: "Creo en angelitos..."
Igualmente, demasiado a menudo vemos caer a los jóvenes y adolescentes de sus nidos en las familias cercanas y casi siempre nos comportamos como expertos ornitólogos y encontramos montones de explicaciones para el caso, aunque en el fondo sabemos y tememos que esto también puede ocurrir en nuestro hogar.

¡Pero que lindos van!
I have a dream… Tengo un sueño. Creo que todos nuestros niños llegarán a ser lo que soñamos para ellos. Si hoy nos falta algo realmente con urgencia es la esperanza…el convencimiento firme de que podemos conducir a nuestros niños hacia lo mejor, hacia nuestros sueños. Soñar y luchar… luchando nuestros sueños se han de quedar cortos. Soñar que nuestros niños serán importantes para el mundo, que dejarán su huella, que amarán y serán amados, que construirán nuestro futuro, que honrarán nuestros desvelos,…

Los peques actuaron muy bien.
I believe in angels… Creo en angelitos. Creo que todos van a tener la fuerza para volar a tiempo, para remontar en la caída y alcanzar la belleza de admirar el mundo desde su cielo. No es necesario que consigan grandes carreras, ni profesiones que les llenen los bolsillos, tampoco que alcancen la fama… aunque tampoco estaría mal (qué un dulce no le amarga a nadie). Pero sabemos que ese no ha de ser nuestro sueño. Todos tienen madera de buena gente, poseen la capacidad de llegar a ser, ante todo, buenas personas.

Repartieron amor con sus manitas...
Creo en angelitos, que me cuidan siempre de caer… Porque acaso, ¿no son ellos los que nos impulsan a superarnos a luchar cada día por lo que creemos, a levantarnos cada día con los ánimos renovados?… ¿No son nuestros pequeños los que nos impulsan, los que nos motivan a autosuperarnos, los que nos hacen olvidar nuestro propio cansancio, los que nos perdonan sin pensarlo dos veces y nos animan a levantarnos incluso en nuestros errores?

Creo que nos conquistaron a todos
Creo en angelitos que la vida linda me hace ver… porque tengo la suerte, aunque a veces me pese, de vivir rodeada de ellos las veinticuatro horas del día, porque tenemos la suerte de haber sido agraciados con este regalo inmenso que supone ser padres y madres, porque hemos de descubrir y hacer crecer en ellos todo lo bueno y potencial que tienen sus tiernos corazones.

Angelitos dulces y divertidos
I have a dream… Yo tengo un sueño. Traduzcamos literal esta frase y que siga siendo así en presente. Perseveremos en nuestro día a día, para que nunca lleguemos a traducir nuestra canción como lo hizo Abba con el fin de adaptarla a su melodía… que nunca tiremos la toalla con nuestros hijos e hijas, que nunca lleguemos a decir “Yo lo soñé”


Con los aros supimos orientarnos muy bien

Angelitos verdes como los bosques

Angelitos azules como el cielo y el mar

Angelitos rosas como las flores

Lo importante es que lo pasamos muy bien



          TEMA DE LA FIESTA DE FIN DE CURSO (GRUPO ABBA)


jueves, 9 de junio de 2011

Corazón de maestra (o maestro)

Si alguna vez alguien me preguntase de que no podría prescindir para enseñar, diría que del “corazón de maestra”. Es cierto que ni siquiera la voz o las manos me serían tan imprescindibles como el “corazón de maestra”.

El “corazón de maestra” es el instrumento que conduce a sentir el palpitar del corazón de tus alumnos, a medir la intensidad de sus sonrisas, a interpretar sus gestos y actuaciones, a contagiarte de su elocuencia. Te ayuda a desear instruirles, transmitirles sentimientos, ayudarles a descubrir sensaciones o a empaparlos de emociones. A amarlos…

El “corazón de maestra” te orienta a redescubrir tu propia vocación cada día, a superar el  cansancio de los años y tornarlo en entusiasmo inocente, a replantearte nuevos ideales, a admirarte con la multiplicación de resultados que los niños consiguen de tus expectativas, a atesorar perlas de sabiduría que transmiten los peques con su inteligencia inocente, a ver a través de ojos de niños lo que no aprecian  unos ojos adulterados por el peso de la experiencia.

Como soy tan desordenada en todo y en mi mente, a veces he de ocuparme de ordenar las ideas también dentro del alma. Y también hago limpieza  en mi “corazón de maestra” y saco aquella idea que ensombrece mi práctica, me deshago del lastre de experiencias amargas, de críticas injustas y de falsas alabanzas,…reviso las miradas y sonrisas, por años ya guardadas…el abrazo de Raúl, la mirada de Tatiana, el beso de Paquito y el dibujo de Ana,…Tantos, tantos, tesoros que enriquecen y sanan. Me desprendo de las derrotas que enturbiaron los ideales que me lanzaron a abrazar la docencia. Renuevo la osadía de creer en lo que hago, de amar el magisterio.

Pero siempre conservo, un tanto desgastada, un tanto deslucida, quizás algo manchada, mi vocación hacia la enseñanza. Y cuando acabo de desvestir mi esencia de maestra y siento mi vida renovada, pienso que aunque duela prefiero conservar la ingenuidad de mis primeros años, sentir que lo que hago es el camino más ilusionante, más lleno de ideales, más agradablemente sorprendente cada mañana que pasas con los peques, que construyo futuro, que, colaborando con las familias, siembro sus corazones de amabilísimos recuerdos que le harán convertirse en adultos felices y, ante todo, en sociedad solidaria.

martes, 31 de mayo de 2011

La mar de sensaciones.

He de reconocer que esta primera excursión fuera de nuestra localidad me  sorprendió agradablemente. No solo me contagié del entusiasmo que mostraron los peques cuando nos dirigíamos hacia el Aula del Mar, y se nos presentó ante nuestros ojos nuestro imponente Mar de Alborán sino que llegué a sentirme una más entre ellos.

Sobre el atalaya que nos suponía los asientos del autobús contemplábamos entusiasmados las olas y el azul intenso que lo caracteriza en los días soleados.

Nada más entrar en el lugar de destino, nos invadió todo un mar de sensaciones. El olor a marisma, los objetos marinos, el colorido de las aulas que lo componen y la atractiva decoración que envuelve a sus ambientes. La simpatía de las personas que nos recibieron y la confianza que sintieron los peques al poder oír el mar dentro de una caracola, acariciar las conchas, empuñar una espada hecha con la de un pez, saludar a las tortugas, gritar de gozo o espanto cuando la raya les obsequiaba con su pase, pegada al cristal,….

Si para cualquier malagueño, el mar le evoca recuerdos imborrables de su infancia, para los que hemos vivido los primeros años junto a este, muchísimo más. La sensación de la arena en los pies descalzos, el olor de la playa, la aspereza de las piedras, el tacto de los miles de tesoros que encontrábamos en la orilla, el olor de la candela y de las sardinas asadas, el tan-tan de tus pies al colarte en las barcas, el rumor de las olas junto al lejano eco de la canción del verano en la máquina tocadiscos del merendero cercano, aquellas ratitas hechas con conchas con las que obsequiaba año tras año a mis amigas francesas. Y si de verdad has vivido el mar,  es que  lo  has de vivido en todas las estaciones del año. Dormir cuando sopla el viento de levante sin ni siquiera inmutarte, valorar su belleza cuando se torna gris, reconocer la crecida del río cuando invade con su lengua marrón el azul de las aguas, descubrir la nostalgia de la playa desierta,…








Y si bastó, aquel día, para que un  montón de conchas, caracolas, cangrejos, calamares gigantes, fósiles misteriosos,…. tesoros iluminados por la luz de los ojos infantiles,  despertasen  esos lejanos recuerdos en mi mente... Observando a los pequeños  quietos cuando íbamos satisfechos, aunque cansados, de vuelta a nuestro pueblo. Me pregunte en silencio… ¿qué recuerdos conservaran nuestros niños de este, su primer año en el colegio?

A punto de concluir el curso con la llegada del verano ¿Serán capaces de evocar estos días en su mente de adultos? Seguramente no. Por la experiencia de años sé que la mente de los niños olvida fácilmente. Sé que cuando maduren no recordarán nada de estos momentos, pero también sé con certeza que la sensación dulce de haber sido felices seguirá persiguiéndoles siempre como parte de sus sueños.


sábado, 21 de mayo de 2011

Porque ya no es noticia…nuestras familias con Japón

En 2004, el 11-M se convirtió en una fecha fatídica quedando grabada para siempre en el corazón de los españoles. Muchos de nuestros sentimientos tuvieron ese día, un antes y un después. Desgraciadamente, descubrimos que el terror nos afecta a todos y todos podemos ser participes de él. Juntos hemos de combatirlo.
Nuestras familias con Japón

El pasado marzo, siete años más tarde, la fatídica fecha del 11-M ha marcado, esta vez, con aún más virulencia, al país de  Japón. Todos quedamos impactados ante la fiereza del terremoto que lo tambaleó, ante la desolación que sembró el paso del tsunami y ante la amenaza invisible pero implacable de la central nuclear de Fukushima. Una ola de tristeza como la que emergió del océano nos invadió a todos, no podíamos creer que fuese posible barrer ciudades enteras en un minuto, sesgar miles de vida en un segundo, cambiar todo un paisaje en apenas una hora. Tal vez la visión de aquella inmensa masa de agua envolviéndolo todo, nos resultaba incluso curiosa y espectacular, pero al mismo tiempo, sobrecogedora al sospechar como a su paso iba esparciendo, por los pueblos, la  muerte.
Nuestro tesoro para el Japón

Hoy, dos meses después, hemos de reconocer que Japón, en nuestra conciencia, va quedando algo atrás, relegado al fondo de nuestras memorias, como cuando despertamos de un mal sueño. Tal vez pensamos que  así  mitigamos la desgracia, fingiendo, simplemente, que no ha ocurrido nada. Otras noticias han ido tomando más relevancia en la prensa,…la muerte de Bin Laden, la marcha de Zapatero o el duelo Real Madrid-Barcelona, las elecciones… Ya apenas figura una breve reseña a pie de página sobre la lucha que va cobrándose víctimas muy lentamente pero de forma no menos cruel, en la Central Nuclear de Fukushima. Tampoco hablamos mucho sobre  la reconstrucción, que durará años,  de este país herido y mutilado.
Cada familia aporta su molino

Sin embargo, con motivo del Día de la Familia hemos querido traer a la memoria ese bello pero castigado país que es Japón. Esa gran isla que de pequeños nos infundía ciertos temores influenciados por películas americanas añejas, pero que, sin embargo, posee una profundidad en valores, un gusto por la belleza natural y una armonía de sentimientos que tanto puede enriquecernos a todos.

El molino de nuestra familia
Si meditamos bien, sabemos que  lo que arrastro el tsunami no fue a un montón de  desconocidos. El ambiente que se contamina de manera invisible pero sin piedad,  segundo a segundo, no envuelve a un montón de  extraños,…No, no se trata de personas anónimas, extras de una película, como aquellos indígenas que iban cayendo uno a uno por los precipicios en las películas de Tarzán, sin afectar para nada al guión.

Ya están nuestros molinitos colocados
El tsunami ha arrastrado a padres, madres, hijos, familias…Todos tiene su nombre. Ha destruido hogares… ¿Qué debe sentir una mujer embarazada en Tokio sabiendo que el aire que respira se contamina poco a poco?  La mayoría ni siquiera hemos sido  capaces de tomar un inofensivo analgésico cuando nos encontrábamos  en ese estado… ¿Qué debe sentir un padre o una madre que ha tenido a sus hijos pequeños cerca de Fukushima? ¿Cómo deben sentirse las familias que después de sobrevivir al horror del maremoto han tenido que abandonar su pueblo contaminado para aventurarse a un futuro incierto y no volver jamás? ¿Cómo debe sentirse la esposa, los padres, los hijos,… del que está luchando en la Central, sacrificando su vida, por el bien común? ¿Cómo se sentirá el que ha perdido un ser querido y no puede recuperar su cuerpo para, al menos así, aliviar su duelo? ¿Cómo han de sufrir los que, sintiéndose afortunado de recuperar el cuerpo de sus seres queridos, no han podido darle una sepultura digna según sus tradiciones y creencias?
Felices de regalar nuestro aire

No son desconocidos, son familias como las nuestras. Todo el género humano es familia. En los albores de la humanidad era así, ese es nuestro instinto, y así está impreso en nuestros corazones. Son personas que aman, que sufren, que han perdido la esperanza, que se debaten pensando como superar esto. Son mujeres embarazadas, madres lactantes, padres jóvenes cargados de ilusiones quebradas y padres maduros superando su cansancio, jóvenes que estudian su carrera, niños que sueñan con ser héroes,…Son familias que necesitan nuestra fuerza, nuestra solidaridad, nuestra alegría.
¿Una caja de zapato ... o un jardín zen?

Hoy nuestros pequeños han realizado un gesto sencillo para ayudar a las familias de Japón. Cada niño ha aportado un molinillo de viento, el molinillo de su familia. Los hemos puesto en nuestro patio. Cuando sople el viento, estos girarán y mandarán nuestro aire fresco a Japón, el aire de nuestra sierra, el aire de nuestra costa, el aire de nuestro pueblo…Nuestra brisa irá a Japón para que purifique el ambiente que se les ha ensuciado con el humo de  la “fabrica que se les ha roto”. Además vamos a crear un pequeño jardín Zen para todos y uno más pequeñín para que cada uno lo lleve a casa. Queremos recordar la belleza y la armonía que caracteriza a este país, para que no los olvidemos, hasta que consigan recuperar el entusiasmo y para que sepan que nuestras familias están con ellos, enviándoles nuestro cariño y apoyándolos con el corazón en la reconstrucción de sus vidas. 

Decoramos las cajas 
Todo es simbólico en nuestras concienzudas mentes de adultos, sin embargo, es real en la mente de los niños y por eso, estoy convencida de que  es posible. Cada vez que juguemos con nuestro jardín, cada vez que soplemos los molinillos, pensaremos en ellos y les mandaremos nuestro amor a las familias japonesas, porque la fuerza del corazón del  niño es la mejor palanca para impulsar el renacimiento de nuevas ilusiones. Es el manantial de donde brotan  nuestras fuerzas para continuar. Es  el mejor abono para hacer crecer la esperanza, la esperanza que, aún hoy, aunque ya no sea noticia, necesita Japón.

Preparando las tapas para los pequeños jardines zen

¡Nos ha quedado bien!

También hemos puesto nuestro jardín zen en el patio con los molinillos

Aprendemos a acariciar la arena y dibujar formas

Elegimos los elementos para nuestros pequeños jardincitos zen

Así me ha quedado...




Pues yo aún no he encontrado el equilibrio...

Cada uno hace un diseño especial.

Contentos con nuestro jardín japonés...

Lo mejor...nos los llevamos a casa.

El aire que están mandando nuestras familias al Japón ya ha llegado (ver enlace). Lo más bonito de esta actividad es que los niños y niñas, a su corta edad ,comprenden perfectamente lo que significa. ¡Son unos peques geniales!