miércoles, 29 de junio de 2011

I have a dream (Tengo un sueño)

Este año bailamos con Abba
Durante estas fechas y desde la primavera,  en nuestro patio escolar, muy a menudo, encontramos pequeños pajarillos que han tenido el infortunio de caer del nido antes de ser suficientemente maduro para ello. A veces logran sobrevivir a la caída pero la mayoría yacen sin vida cuando los niños los descubren. Es una escena tan cotidiana que incluso la mayoría de ellos están acostumbrados a experimentarla y somos tal vez los adultos los que nos compadecemos más ante estos hechos. Quizás porque conocemos el misterio que encierra la transmisión de la vida o tal vez, porque nos muestra la otra cara de la moneda que supone el hecho inevitable de la muerte.
Nuestra canción: "I have a dream"

No podemos evitar, con sentimientos humanos, que estos hallazgos frecuentes nos produzcan malestar, pena y un cierto sentimiento de queja interior. Aunque lo cierto es que parece ser que esto es parte del ciclo de la vida y que el hecho de que estos caigan del nido, propicia que los que queden en él, reciban mayor aporte de alimentos, crezcan más fuertes y tengas mayores posibilidades de sobrevivir.

El estribillo: "Creo en angelitos..."
Igualmente, demasiado a menudo vemos caer a los jóvenes y adolescentes de sus nidos en las familias cercanas y casi siempre nos comportamos como expertos ornitólogos y encontramos montones de explicaciones para el caso, aunque en el fondo sabemos y tememos que esto también puede ocurrir en nuestro hogar.

¡Pero que lindos van!
I have a dream… Tengo un sueño. Creo que todos nuestros niños llegarán a ser lo que soñamos para ellos. Si hoy nos falta algo realmente con urgencia es la esperanza…el convencimiento firme de que podemos conducir a nuestros niños hacia lo mejor, hacia nuestros sueños. Soñar y luchar… luchando nuestros sueños se han de quedar cortos. Soñar que nuestros niños serán importantes para el mundo, que dejarán su huella, que amarán y serán amados, que construirán nuestro futuro, que honrarán nuestros desvelos,…

Los peques actuaron muy bien.
I believe in angels… Creo en angelitos. Creo que todos van a tener la fuerza para volar a tiempo, para remontar en la caída y alcanzar la belleza de admirar el mundo desde su cielo. No es necesario que consigan grandes carreras, ni profesiones que les llenen los bolsillos, tampoco que alcancen la fama… aunque tampoco estaría mal (qué un dulce no le amarga a nadie). Pero sabemos que ese no ha de ser nuestro sueño. Todos tienen madera de buena gente, poseen la capacidad de llegar a ser, ante todo, buenas personas.

Repartieron amor con sus manitas...
Creo en angelitos, que me cuidan siempre de caer… Porque acaso, ¿no son ellos los que nos impulsan a superarnos a luchar cada día por lo que creemos, a levantarnos cada día con los ánimos renovados?… ¿No son nuestros pequeños los que nos impulsan, los que nos motivan a autosuperarnos, los que nos hacen olvidar nuestro propio cansancio, los que nos perdonan sin pensarlo dos veces y nos animan a levantarnos incluso en nuestros errores?

Creo que nos conquistaron a todos
Creo en angelitos que la vida linda me hace ver… porque tengo la suerte, aunque a veces me pese, de vivir rodeada de ellos las veinticuatro horas del día, porque tenemos la suerte de haber sido agraciados con este regalo inmenso que supone ser padres y madres, porque hemos de descubrir y hacer crecer en ellos todo lo bueno y potencial que tienen sus tiernos corazones.

Angelitos dulces y divertidos
I have a dream… Yo tengo un sueño. Traduzcamos literal esta frase y que siga siendo así en presente. Perseveremos en nuestro día a día, para que nunca lleguemos a traducir nuestra canción como lo hizo Abba con el fin de adaptarla a su melodía… que nunca tiremos la toalla con nuestros hijos e hijas, que nunca lleguemos a decir “Yo lo soñé”


Con los aros supimos orientarnos muy bien

Angelitos verdes como los bosques

Angelitos azules como el cielo y el mar

Angelitos rosas como las flores

Lo importante es que lo pasamos muy bien



          TEMA DE LA FIESTA DE FIN DE CURSO (GRUPO ABBA)


jueves, 9 de junio de 2011

Corazón de maestra (o maestro)

Si alguna vez alguien me preguntase de que no podría prescindir para enseñar, diría que del “corazón de maestra”. Es cierto que ni siquiera la voz o las manos me serían tan imprescindibles como el “corazón de maestra”.

El “corazón de maestra” es el instrumento que conduce a sentir el palpitar del corazón de tus alumnos, a medir la intensidad de sus sonrisas, a interpretar sus gestos y actuaciones, a contagiarte de su elocuencia. Te ayuda a desear instruirles, transmitirles sentimientos, ayudarles a descubrir sensaciones o a empaparlos de emociones. A amarlos…

El “corazón de maestra” te orienta a redescubrir tu propia vocación cada día, a superar el  cansancio de los años y tornarlo en entusiasmo inocente, a replantearte nuevos ideales, a admirarte con la multiplicación de resultados que los niños consiguen de tus expectativas, a atesorar perlas de sabiduría que transmiten los peques con su inteligencia inocente, a ver a través de ojos de niños lo que no aprecian  unos ojos adulterados por el peso de la experiencia.

Como soy tan desordenada en todo y en mi mente, a veces he de ocuparme de ordenar las ideas también dentro del alma. Y también hago limpieza  en mi “corazón de maestra” y saco aquella idea que ensombrece mi práctica, me deshago del lastre de experiencias amargas, de críticas injustas y de falsas alabanzas,…reviso las miradas y sonrisas, por años ya guardadas…el abrazo de Raúl, la mirada de Tatiana, el beso de Paquito y el dibujo de Ana,…Tantos, tantos, tesoros que enriquecen y sanan. Me desprendo de las derrotas que enturbiaron los ideales que me lanzaron a abrazar la docencia. Renuevo la osadía de creer en lo que hago, de amar el magisterio.

Pero siempre conservo, un tanto desgastada, un tanto deslucida, quizás algo manchada, mi vocación hacia la enseñanza. Y cuando acabo de desvestir mi esencia de maestra y siento mi vida renovada, pienso que aunque duela prefiero conservar la ingenuidad de mis primeros años, sentir que lo que hago es el camino más ilusionante, más lleno de ideales, más agradablemente sorprendente cada mañana que pasas con los peques, que construyo futuro, que, colaborando con las familias, siembro sus corazones de amabilísimos recuerdos que le harán convertirse en adultos felices y, ante todo, en sociedad solidaria.

martes, 31 de mayo de 2011

La mar de sensaciones.

He de reconocer que esta primera excursión fuera de nuestra localidad me  sorprendió agradablemente. No solo me contagié del entusiasmo que mostraron los peques cuando nos dirigíamos hacia el Aula del Mar, y se nos presentó ante nuestros ojos nuestro imponente Mar de Alborán sino que llegué a sentirme una más entre ellos.

Sobre el atalaya que nos suponía los asientos del autobús contemplábamos entusiasmados las olas y el azul intenso que lo caracteriza en los días soleados.

Nada más entrar en el lugar de destino, nos invadió todo un mar de sensaciones. El olor a marisma, los objetos marinos, el colorido de las aulas que lo componen y la atractiva decoración que envuelve a sus ambientes. La simpatía de las personas que nos recibieron y la confianza que sintieron los peques al poder oír el mar dentro de una caracola, acariciar las conchas, empuñar una espada hecha con la de un pez, saludar a las tortugas, gritar de gozo o espanto cuando la raya les obsequiaba con su pase, pegada al cristal,….

Si para cualquier malagueño, el mar le evoca recuerdos imborrables de su infancia, para los que hemos vivido los primeros años junto a este, muchísimo más. La sensación de la arena en los pies descalzos, el olor de la playa, la aspereza de las piedras, el tacto de los miles de tesoros que encontrábamos en la orilla, el olor de la candela y de las sardinas asadas, el tan-tan de tus pies al colarte en las barcas, el rumor de las olas junto al lejano eco de la canción del verano en la máquina tocadiscos del merendero cercano, aquellas ratitas hechas con conchas con las que obsequiaba año tras año a mis amigas francesas. Y si de verdad has vivido el mar,  es que  lo  has de vivido en todas las estaciones del año. Dormir cuando sopla el viento de levante sin ni siquiera inmutarte, valorar su belleza cuando se torna gris, reconocer la crecida del río cuando invade con su lengua marrón el azul de las aguas, descubrir la nostalgia de la playa desierta,…








Y si bastó, aquel día, para que un  montón de conchas, caracolas, cangrejos, calamares gigantes, fósiles misteriosos,…. tesoros iluminados por la luz de los ojos infantiles,  despertasen  esos lejanos recuerdos en mi mente... Observando a los pequeños  quietos cuando íbamos satisfechos, aunque cansados, de vuelta a nuestro pueblo. Me pregunte en silencio… ¿qué recuerdos conservaran nuestros niños de este, su primer año en el colegio?

A punto de concluir el curso con la llegada del verano ¿Serán capaces de evocar estos días en su mente de adultos? Seguramente no. Por la experiencia de años sé que la mente de los niños olvida fácilmente. Sé que cuando maduren no recordarán nada de estos momentos, pero también sé con certeza que la sensación dulce de haber sido felices seguirá persiguiéndoles siempre como parte de sus sueños.


sábado, 21 de mayo de 2011

Porque ya no es noticia…nuestras familias con Japón

En 2004, el 11-M se convirtió en una fecha fatídica quedando grabada para siempre en el corazón de los españoles. Muchos de nuestros sentimientos tuvieron ese día, un antes y un después. Desgraciadamente, descubrimos que el terror nos afecta a todos y todos podemos ser participes de él. Juntos hemos de combatirlo.
Nuestras familias con Japón

El pasado marzo, siete años más tarde, la fatídica fecha del 11-M ha marcado, esta vez, con aún más virulencia, al país de  Japón. Todos quedamos impactados ante la fiereza del terremoto que lo tambaleó, ante la desolación que sembró el paso del tsunami y ante la amenaza invisible pero implacable de la central nuclear de Fukushima. Una ola de tristeza como la que emergió del océano nos invadió a todos, no podíamos creer que fuese posible barrer ciudades enteras en un minuto, sesgar miles de vida en un segundo, cambiar todo un paisaje en apenas una hora. Tal vez la visión de aquella inmensa masa de agua envolviéndolo todo, nos resultaba incluso curiosa y espectacular, pero al mismo tiempo, sobrecogedora al sospechar como a su paso iba esparciendo, por los pueblos, la  muerte.
Nuestro tesoro para el Japón

Hoy, dos meses después, hemos de reconocer que Japón, en nuestra conciencia, va quedando algo atrás, relegado al fondo de nuestras memorias, como cuando despertamos de un mal sueño. Tal vez pensamos que  así  mitigamos la desgracia, fingiendo, simplemente, que no ha ocurrido nada. Otras noticias han ido tomando más relevancia en la prensa,…la muerte de Bin Laden, la marcha de Zapatero o el duelo Real Madrid-Barcelona, las elecciones… Ya apenas figura una breve reseña a pie de página sobre la lucha que va cobrándose víctimas muy lentamente pero de forma no menos cruel, en la Central Nuclear de Fukushima. Tampoco hablamos mucho sobre  la reconstrucción, que durará años,  de este país herido y mutilado.
Cada familia aporta su molino

Sin embargo, con motivo del Día de la Familia hemos querido traer a la memoria ese bello pero castigado país que es Japón. Esa gran isla que de pequeños nos infundía ciertos temores influenciados por películas americanas añejas, pero que, sin embargo, posee una profundidad en valores, un gusto por la belleza natural y una armonía de sentimientos que tanto puede enriquecernos a todos.

El molino de nuestra familia
Si meditamos bien, sabemos que  lo que arrastro el tsunami no fue a un montón de  desconocidos. El ambiente que se contamina de manera invisible pero sin piedad,  segundo a segundo, no envuelve a un montón de  extraños,…No, no se trata de personas anónimas, extras de una película, como aquellos indígenas que iban cayendo uno a uno por los precipicios en las películas de Tarzán, sin afectar para nada al guión.

Ya están nuestros molinitos colocados
El tsunami ha arrastrado a padres, madres, hijos, familias…Todos tiene su nombre. Ha destruido hogares… ¿Qué debe sentir una mujer embarazada en Tokio sabiendo que el aire que respira se contamina poco a poco?  La mayoría ni siquiera hemos sido  capaces de tomar un inofensivo analgésico cuando nos encontrábamos  en ese estado… ¿Qué debe sentir un padre o una madre que ha tenido a sus hijos pequeños cerca de Fukushima? ¿Cómo deben sentirse las familias que después de sobrevivir al horror del maremoto han tenido que abandonar su pueblo contaminado para aventurarse a un futuro incierto y no volver jamás? ¿Cómo debe sentirse la esposa, los padres, los hijos,… del que está luchando en la Central, sacrificando su vida, por el bien común? ¿Cómo se sentirá el que ha perdido un ser querido y no puede recuperar su cuerpo para, al menos así, aliviar su duelo? ¿Cómo han de sufrir los que, sintiéndose afortunado de recuperar el cuerpo de sus seres queridos, no han podido darle una sepultura digna según sus tradiciones y creencias?
Felices de regalar nuestro aire

No son desconocidos, son familias como las nuestras. Todo el género humano es familia. En los albores de la humanidad era así, ese es nuestro instinto, y así está impreso en nuestros corazones. Son personas que aman, que sufren, que han perdido la esperanza, que se debaten pensando como superar esto. Son mujeres embarazadas, madres lactantes, padres jóvenes cargados de ilusiones quebradas y padres maduros superando su cansancio, jóvenes que estudian su carrera, niños que sueñan con ser héroes,…Son familias que necesitan nuestra fuerza, nuestra solidaridad, nuestra alegría.
¿Una caja de zapato ... o un jardín zen?

Hoy nuestros pequeños han realizado un gesto sencillo para ayudar a las familias de Japón. Cada niño ha aportado un molinillo de viento, el molinillo de su familia. Los hemos puesto en nuestro patio. Cuando sople el viento, estos girarán y mandarán nuestro aire fresco a Japón, el aire de nuestra sierra, el aire de nuestra costa, el aire de nuestro pueblo…Nuestra brisa irá a Japón para que purifique el ambiente que se les ha ensuciado con el humo de  la “fabrica que se les ha roto”. Además vamos a crear un pequeño jardín Zen para todos y uno más pequeñín para que cada uno lo lleve a casa. Queremos recordar la belleza y la armonía que caracteriza a este país, para que no los olvidemos, hasta que consigan recuperar el entusiasmo y para que sepan que nuestras familias están con ellos, enviándoles nuestro cariño y apoyándolos con el corazón en la reconstrucción de sus vidas. 

Decoramos las cajas 
Todo es simbólico en nuestras concienzudas mentes de adultos, sin embargo, es real en la mente de los niños y por eso, estoy convencida de que  es posible. Cada vez que juguemos con nuestro jardín, cada vez que soplemos los molinillos, pensaremos en ellos y les mandaremos nuestro amor a las familias japonesas, porque la fuerza del corazón del  niño es la mejor palanca para impulsar el renacimiento de nuevas ilusiones. Es el manantial de donde brotan  nuestras fuerzas para continuar. Es  el mejor abono para hacer crecer la esperanza, la esperanza que, aún hoy, aunque ya no sea noticia, necesita Japón.

Preparando las tapas para los pequeños jardines zen

¡Nos ha quedado bien!

También hemos puesto nuestro jardín zen en el patio con los molinillos

Aprendemos a acariciar la arena y dibujar formas

Elegimos los elementos para nuestros pequeños jardincitos zen

Así me ha quedado...




Pues yo aún no he encontrado el equilibrio...

Cada uno hace un diseño especial.

Contentos con nuestro jardín japonés...

Lo mejor...nos los llevamos a casa.

El aire que están mandando nuestras familias al Japón ya ha llegado (ver enlace). Lo más bonito de esta actividad es que los niños y niñas, a su corta edad ,comprenden perfectamente lo que significa. ¡Son unos peques geniales!

sábado, 30 de abril de 2011

Mi mamá me mima

Jóvenes mamás 
Cuenta el pediatra Carlos González en su libro “Bésame mucho” que en cierta ocasión vio como una madre desesperaba por hacer callar a su hijo que lloraba desconsoladamente en el carrito. Este se acercó y le dijo a la madre que probase a cogerlo en brazos, aliviada tomo a su hijo y le confesó que no lo había hecho por miedo a las reprimendas del pediatra que tenía delante.

A menudo he vivido casos parecidos, la mamá que se avergüenza ante la maestra de reconocer que ha consolado a su hijo por la noche, que disfruta tomándolo en brazos y achuchándolo, que en alguna ocasión lo ha acompañado si tenía miedo, que le acuna de noche para dormirlo, que le ayuda a comer cuando le cuesta trabajo,….

Corazones para mamá
Muchos leímos, como primera frase completa, la legendaria frase: “Mi mamá me mima”. Yo lo hice en mi añorada cartilla de “amiguitos” de la que aún conservo en mi recuerdo su vista, su tacto y sus imágenes. Ninguna de nuestras madres se planteo nunca que estas palabras pudieran causar daño a nuestras tiernas conciencias infantiles, ya que en aquel tiempo las circunstancias y las estrecheces de la mayoría, nos hacían  comprender,  sin peligro, el significado profundo del término “mimar”.
Trabajamos por mamá
Decimos que las plantas para crecer necesitan que las mimen, que para una comida salga deliciosa  hay que cocinar con mimo, que la cristalería, si no quieres hacer tiesto,  hay que limpiarla con mimo, pero y nuestros hijos… ¿no necesitan también ser formados con mimo?
Curiosamente hoy, que tanto tememos que nos acusen de mimar a nuestros hijos, existen más consentidos que nunca. Pero realmente, mimar no es consentir. Una madre sabe mimar a su hija y su hijo con el corazón y la inteligencia, nunca con el monedero.

Mamá merece nuestro esfuerzo
Mimar es abandonar la tarea que estamos haciendo porque sentimos que nuestro hijo crece cada minuto y nos necesita, mimar es tirarse al suelo para compartir un juego aunque duelan los huesos, mimar es consolar al que llora y disfrutar con el que se ríe, mimar es sonreír a solas cuando lavas su ropa, mimar es expresar un consejo aunque duela por dentro, mimar es aceptar cada etapa que va viviendo el hijo, mimar es sonreír cuando ha de partir aunque llores por dentro,…

Un dibujo por mamá
“Mi mama me mima”…Porque una madre sabe amar más al hijo que a sí misma, una madre siempre  acepta al hijo en su diversidad, una madre le apoya en sus proyectos aunque se quede sola, una madre sabe ayudarle  cuando la necesita,  una madre entiende lo que siente con solo una mirada, una madre siempre oye cuando quiere expresarse, una madre lo abraza en los triunfos y lo besa en los fracasos, una madre le canta cuando lo ve sufriendo, una madre lo acuna si se encuentra enfermo, una madre lo enseña porque posee la sabiduría  que toda mujer lleva dentro, una madre consuela al hijo porque comparte su sufrimiento, una madre abriga con el calor de su alma entregada, una madre siempre tiene un consejo, una madre acompaña sea cual sea el momento, una madre siempre guía aunque  ya no esté presente.

Flores para mamá
Mi mamá me mima…Madres, no temamos de mimar así a nuestros  hijos e hijas. Algún día tendremos la recompensa  pues disfrutaremos viéndoles mimar al suyo de la misma forma y no  lamentaremos  este tiempo entregado. Porque el amor de madre trasciende y se conserva. Es una energía tan potente que nunca se destruye solo se transforma en versos.
Arañas que se convierten en soles

 ¡Feliz día de la madre!










Dedicado a todas las madres de los niños y niñas de la Casita de Miguel.
También a las abuelas, especialmente a mi madre, que en unos tiempos muy difíciles, supieron mimarnos, a pesar de la dureza de su trabajo.
Y a todas esas madres que se desviven por mimar a sus hijos en situaciones extremas de pobreza o guerra.



viernes, 29 de abril de 2011

Un libro es un amigo

Gran parte de los libros de mi biblioteca personal son herencia de mi suegro. Algunos son preciosísimos como las obras completas de García Lorca, las de Blasco Ibáñez,  El Quijote y las Novelas Ejemplares de Cervantes, o las de Benito Pérez Galdós con los Episodios Nacionales, último texto que le acompañó el día de su marcha.
A menudo, él repetía a mi marido esta frase: “Un libro es un amigo”. Y aunque, personalmente, los prefiera de carne y hueso, no puedo negar que en esta frase hay mucho de cierto.

Preparamos las herramientas
Pienso que los libros consiguen caldear un hogar más, que la mejor calefacción y aunque sea engorroso poseerlos por los cuidados que requieren, los adoro. Es imprescindible que lleguemos a amarlos y entenderlos. Creo que, como los mejores amigos, nos acompañan y consuelan en los malos momentos pero, sobre todo, nos elevan en los buenos.


Nivelamos la balda con un cilindro
Considero que no es cierto que a algunas personas no les guste leer.  Leer, leemos a diario y mucho, en Internet, en  la prensa o incluso en revistas. Tal vez lo que realmente ocurre, cuando no disfrutamos con la lectura, es que no hemos sabido encontrar el libro que se ajuste a nuestra alma, sí, que se nos ajuste como un guante. Deberíamos experimentar algo así como lo que ocurre en aquella escena de “La sombra del Viento” donde el protagonista ha de escoger el libro que marcará su existencia, en el cementerio de los libros olvidados.

Atornillamos despacito
Por todo esto, me gusta aconsejar a los padres y madres que lean a sus hijos y disfruten a su vez de la lectura. La competencia lectora del niño siempre es mucho más baja que su competencia para entender los textos,  por lo que es capaz de disfrutar a través de sus oídos de aquella obra que no es capaz aún de leer con soltura. Por ello, si habitualmente leen solos, a menudo se desmotivan y pierden el gusto por la lectura, le resulta monótona, muy por debajo de su nivel de comprensión y tremendamente aburrida. Hemos de asegurarnos, si aún no ha sido cautivado por esta práctica, de leerle cuentos, historias, que le transporten a un mundo de  ilusión y  fantasía. Textos que les enamoren.

Guardamos las herramientas
Elegir los libros adecuados es también importante. Admiro a los autores que se dedican al género infantil y juvenil ya que me parece tremendamente difícil acercarnos al mundo de los peques desde nuestra perspectiva de adultos serios. Muchos nos hemos olvidado de nuestros sentimientos e ideales juveniles y luchamos en un mundo plagado de consumismo, competitividad y hedonismo. Por todo esto, salvar a un príncipe y morir heroicamente en el intento,  preferir el amor a las riquezas, amar el compañerismo y la deportividad, respetar la diversidad, valorar los logros de los otros,…son conceptos que no caben en nuestros corazones desgastados por la sociedad del bienestar y el materialismo.

Colocamos las mesas que apartamos
Las adaptaciones infantiles de obras clásicas me suelen parecer nefastas. Carecen de creatividad propia. Se ocupan de historias que no son adecuadas para los niños ya que no fueron diseñadas para ellos. Revientan los finales y más que favorecer la lectura, nos conduce a no retomar jamás ese libro en la vida adulta. Realmente pensamos que lo hemos leído aunque únicamente hayamos probado el pastel ligeramente con la punta de nuestro dedo. Piensen… ¿Cuántas obras originales han leído después de leer sus adaptaciones?

Triángulos rojos a los libros de animales
Con motivo del “Día Internacional del Libro” hemos inaugurado nuestra pequeña biblioteca de aula. Hemos colgado los estantes con la ayuda del papá de Emilio,  hemos clasificado nuestros libros poniéndole pegatinas identificativas según los temas,  hemos reparado los dañados para inducirlos a cuidarlos, hemos colocado los libros en lugar asignado, hemos rotulado el cartel…

Hemos pasado momentos de dificultad porque, aunque estábamos muy lejos del taladro, su ruido les daba miedo. Al final lo superaron con creces y colocaron tacos y atornillaron los tonillos, recogieron las herramientas y bueno, como siempre ocurre, a unos les interesó más y a otros menos.

Etiquetando los cuentos clásicos
Por último, hemos invitado a los padres y madres a nuestra clase para conocer nuestra biblioteca y disfrutar también de la lectura de un cuento, pincelando el aire de afectividad y sentimientos. Trataremos de mostrar que es posible leerles con entrega, disfrutando de la lectura, metiéndonos de lleno en la historia, temiendo que se nos duerman rendidos por el cansancio del día, antes de llegar al final que nos intriga aún más a nosotros mismos que a ellos,…

Libros, fieles amigos, que acompañáis al que está débil y enfermo, al que vive solo,  al que siente  la duda, al que desea pensar, en el descanso del verano, en aquel viaje largo, en la espera de la consulta, en la despedida nocturna de los hijos…Libros, quisiera que fueseis también compañeros y amigos de estos niños que hoy os dedican su trabajo.

Ahora que no nos ve Mari Carmen...un vistazo mientras etiquetamos

Así nos va quedando...guay

Rotulamos un cartel para la biblioteca
                                   
Así de bonita ha quedado nuestra biblioteca

Un cuenta-cuento en familia
Nuestro agradecimiento a Hipólito, el papá de Emilio, que dejó hoy de ayudar a traer niños al mundo para ayudar a traer el mundo a los niños.