martes, 31 de enero de 2012

Al calor del invierno.

No es una postal...es nuestro trabajo
A pesar de que el invierno pueda parecernos,en principio, una estación gélida y sin encanto,podemos llegar a  apreciarla como un tiempo de grandes contrastes y de una calidez inalcanzable en otras épocas del año.
En estos días hemos podido apreciar desde diferentes lugares de nuestro pueblo, incluida la ventana de nuestra aula, las sierras que coronan nuestra provincia cubiertas de nieve. Es bonito contemplar la belleza y el misterio que rodea a esas cumbres, mientras el sol que baña nuestro pueblo nos obliga a desprendernos de la ropa de abrigo.


Sierra de las Nieves desde la clase
Los días más fríos y lluviosos nos invitan a quedarnos en casa y pese, a que a los malagueños nos cuesta afrontar con optimismo estos días en los que nuestras casas comienzan a congelarse. Son días que congregan a la familia alrededor de la chimenea o en la habitación más cálida. Podemos aprovechar para encender el horno y juntos realizar algún que otro pinito en la cocina. Los pequeños disfrutan de ese meneo de harina y azúcar, saboreando la masa en cuanto nos descuidamos. Juntos
Libro del invierno

 podemos visionar alguna película bajo una vieja manta mientras compartimos un sabroso cuenco de palomitas. Es ocasión de desempolvar los juegos de mesa que olvidamos en otros meses del año. De realizar juntos alguna manualidad o alguna actividad de bricolaje, en la que a ellos les gusta ayudar acercándonos las herramientas. Tiempo de compartir, de sentir el calor que nos proporciona la intimidad familiar. De conversar con los amigos mientras caldeamos nuestras manos abrazándolas placenteramente a una taza de infusión.

Preparamos copos para vestir el árbol
Durante un mes hemos trabajado sobre el invierno. Centramos nuestra atención en esos pequeños pueblos de montañas que a menudo quedan aislados sorprendidos por la nieve. Hemos observado la diferencia de estas construcciones con las de nuestras casas. La utilización de la pizarra y la piedra frente a la teja de cerámica y el ladrillo. Hemos creado nuestro libro del invierno con la colaboración de las familias, que nos ha ayudado a observar estas construcciones. Realizamos una lista de materiales que necesitábamos para construir nuestra casa. Solo la aparición de dos cajas enormes en la clase fue suficiente para que les embargara el entusiasmo. Y manos a la obra, preparamos las tejas de pizarra con platos de cartón, piedras para cubrir las fachadas con planchas estropeadas y recicladas de foamy, de las que utilizamos para picar, y abrimos laminas de algodón para crear el efecto de la nieve. El resultado ha sido espectacular. Ya solamente nos quedaba construir ventanas de cartón con cristales porque "no pueden estar abiertas con la nieve". Hemos colocado papel celofán de diferentes tonos en cada ventana, para ver la vida de diferente color dependiendo desde el cristal que la miremos.
El árbol vestido de invierno

Durante unos días, en el rincón de "aprender a sentir", disfrutaremos de nuestra casa. Pronto acabará rompiéndose y dejándonos tan solo una experiencia inolvidable en la memoria. El esfuerzo merece la pena, todo lo vulnerable posee mucho más valor porque lo permanente acaba dejando rápidamente de llamar la atención a nuestras pupilas, ver no es mirar,... pero lo felizmente pasado siempre nos sostendrá, en cualquier momento, con su recuerdo.

EL TALLER DEL INVIERNO

Todo comenzó con unos platos de cartón

Elegimos el negro para imitar la pizarra

La pizarra es un tipo de piedra
Con planchas viejas de foamy hicimos piedras

El marrón cubre muy bien

Cubriremos las fachadas de piedras

Pintamos las puertas de verde manzana

A juego con las puertas, pintamos ventanas

Puerta delantera de nuestra casa

Todos participamos en el proyecto

Los cristales son de celofán de diferentes colores


Imitamos la nieve con algodón



Cubrimos el suelo con telas blancas
Improvisamos un paisaje nevado


Estamos en pleno Pirineo

Puerta trasera

El interior...¿Te atreves?
Lista para disfrutar...

Nos ha quedado fantástica.

domingo, 1 de enero de 2012

¡Feliz año 2012!

Queridas familias y amigos:
Los peques de La Casita de Miguel y nuestra maestra Mari Carmen os deseamos un feliz año 2012 cargado de felicidad, juegos, risas, buenos momentos y mucha,mucha...alegría.
Nosotros tenemos una gran ilusión por aprender, crear y disfrutar muchas cosas nuevas en este año que comienza y en el que, poco a poco, cumpliremos cinco añitos, toda una edad.
¡Abrazo fuerte!
Los niños y niñas de Infantil 4B del Colegio Los Manantiales.


domingo, 18 de diciembre de 2011

El otoño está de moda.

Preparamos la clase para realizar el taller
El curso pasado llevamos a cabo una experiencia sensorial del otoño. Gracias a una espectacular invasión de hojas conseguimos apreciar los colores, los olores, las texturas, el sonido y el sabor que caracteriza a esta preciosa estación.
El amarillo otoñal es especial
En este curso hemos conseguido experimentar con hojas, apreciar sus formas colores, su tacto y crear nuevos objetos a partir de elementos del otoño. Durante algunas semanas hemos trabajado con pequeños tesoros  conseguidos en nuestros parques campos y jardines durante el otoño.

Los peques han descubierto que a partir de elementos muy sencillos y cotidianos que vemos todos los días a lo largo del otoño podemos conseguir crear cosas nuevas y dignas de ser mostradas, verdaderas obras de diseño. Hemos conseguido apreciar la belleza que encierra esta estación… sus diferentes tonos de marrones, anaranjados, amarillos y grises; las diferentes formas de las hojas.
Ahora un naranja calido
El objetivo fundamental de esta actividad es que sean capaces de apreciar la belleza que los envuelve cuando pasean en estos días. Que sepan descubrir el misterio que encierra un cielo nublado, la multitud de tonos que encierra el gris, la gallardía de los contornos de las nubes y de cómo nos anuncian en sus formas la posibilidad de que tornen en lluvia. Los montones de hojas acumulados en los recovecos de las calles y que caprichosamente amontona el viento. Los arboles semidesnudos que nos permiten apreciar el brillo del sol a través de decenas de tonos ocres.
Buscamos el color de un cielo de otoño
Como motivación para realizar estas observaciones organizamos un desfile de otoño. Algo muy festivo. Deseaba, entre otras cosas, que los peques consiguieran desterrar en sus mayores, ese viejo prejuicio que nos conduce a considerar el otoño como una estación  triste, nostálgica y, en cierto modo, de naturaleza mortecina.
No puede faltar el marrón
Y manos a la obra, en primer lugar teníamos que fabricar nuestros tejidos de otoño. Diferentes mezclas de colores sobre el papel despertaron en ellos su capacidad de apreciar estos mismos tonos en el exterior. De observar los cambios que lentamente van produciéndose en la naturaleza.

Después realizamos bordados con hojas de diferentes formas, corteza de árboles, vainas, etc. Y con mucha, mucha imaginación,… conseguimos darle forma a nuestros trajes de otoño.
Pintamos para los detalles

Un diseño espectacular
Luego con la ayuda  de los papás y mamás para que aportando uno, una cosa de acá y otras cosas de allá, consiguiéramos montar una auténtica sala de fiesta con su pasarela, luces y sobre todo unos espectadores muy entusiastas y unos modelos guapísimos y muy satisfechos con su trabajo.

Este vestido está dando trabajo...
¿Quien llevará este cuello tan elegante?



El otoño está de moda… Apreciamos su belleza engalanando a nuestros pequeños con las riquezas que nos regala nuestro entorno, disfrutando de la ilusión con la que visten sus diseños. Apreciemos la belleza de esta luctuosa estación en nuestros campos. Saciémonos de la belleza y el misterio que encierra. Bajo su desgarradora apariencia se esconde una explosión de vida silenciosa, callada, modesta que podremos apreciar con la llegada de la primavera.




lunes, 28 de noviembre de 2011

El cumple de los "peques más peque"


Decoramos el mantel
Hace unos días, me reunía con un grupo de padres y madres para planear una sencilla fiesta. Nuestros “peques más peque” iban a celebrar su cumpleaños. Ya todos tienen cuatro añitos.

Convenimos que no era adecuado hacer grandes gastos ni rodear a los peques de lujos. En esta sociedad altamente consumista, va siendo  preciso que nos demos cuenta de que no es necesario que estos se sientan como marajás el día de su aniversario pero sí, ante todo, que se sientan muy amados, que sepan que durante meses fueron muy esperados, muy deseados, que cambiaron nuestra existencia y nuestra escala de valores con su llegada, que el día que invadieron nuestras vidas fue de los más dichosos y plenos que puede vivir el ser humano.
Nos ponemos los gorros de fiesta

Es precioso que sintamos un agradecimiento profundo por las personas que amamos y que nos regocijemos de evocar el día dichoso en el que sus ojos vieron por primera vez la luz de nuestro mundo, el día en el que fueron visibles para los que lo esperaban llenos de impaciencia. Por ello, tiene sentido que recordemos también, no sin cierta tristeza pero con una agradable gozo interior, el día en que nacieron nuestros seres queridos que ya no se encuentran con nosotros en este mundo. Reconocer que la luz de ese día especial, nos permitió disfrutar de aquellos a los que amamos en su ausencia porque se llevaron un trozo de nuestro  corazón. Pero no quisiese dejarme llevar por la nostalgia.
Una tarta hecha con mucho cariño por Lola

Podemos aprovechar las circunstancias de estas celebraciones para hacer crecer a nuestros hijos no solamente en edad sino también en valores. Elegir, incluso mejor por consenso entre toda la familia, un regalo para poder compartir con los hermanos en vez de algo personal para él; participar juntos en la preparación del acontecimiento preparando sorpresa para los amiguitos que acudan; elaborar una tarta casera en la que no falten los detalles que a los invitados  les gustan más aunque no sean los más favoritos del que cumple, enseñarlos a ceder por el amigo; hacer reflexionar al homenajeado sobre los gustos y preferencias de sus compañeritos a la hora de planear los juegos; organizar actividades no competitivas sino cooperativas; organizar alguna manualidad previa que les ayude a compartir su creatividad como decorar el mantel, maquillarse unos a otros, crear sus propias coronas o disfraces. Y muy importante, invitar a un número razonable de peques, no más de los que podamos hacer sentir muy bien, como en su casa y a los que pueda dedicar un ratito especial  y particular el cumpleañero.

Los "peques más peque"
Sé que todo esto cambia, en cierta manera, el concepto de cumpleaños que trata de imponernos el ritmo de nuestra vida actual. Los niños y niñas son auténticos objetos de consumo y, muchas veces, por nuestra falta de tiempo, por inercia o simplemente porque nunca nos habíamos planteado que podía ser de otro modo, nos dejamos arrastrar e invertimos grandes cantidades de dinero pero muy poca cantidad de cariño en estos eventos. Desaprovechamos estas ocasiones que serían valiosísimas para enseñar a nuestros hijos  la necesidad de darse a los demás en ese día en el que  la sociedad les hace creer que es el mundo es el que ha de inclinarse hacia él. Le restamos la posibilidad de que se sientan agradecidos por el don de la vida.
Una fiesta para todos

Pero, realmente, si lo pensamos despacio…en ese darse a los otros en el día de su cumpleaños ¿no encontrará el verdadero sentido de su existencia?, ¿no encontrará las razones que le ayudarán a responder a esa pregunta que todos, tarde o temprano terminamos haciéndonos algún día?...

…¿Y yo para qué nací?

martes, 22 de noviembre de 2011

Todos para uno y uno para todos

Todos para uno, uno para todos.
Hace algún tiempo, navegando por estos mares virtuales, leí que una de las claves del éxito del sistema educativo finlandés se halla en el trabajo cooperativo de los alumnos. Consideraba que difícilmente puede quedar un alumno rezagado, ya que sus mismos compañeros le ofrecen apoyo, puesto  que el avance de cada miembro es considerado  como una responsabilidad más de cada uno.


Esos cuentos impresionantes...
Realmente, aunque no dudo de que esto sea cierto, no puedo asegurar que sea así ya que no poseo conocimientos suficientes sobre este tema,(ya me gustaría poder viajar a esas latitudes y compartir experiencias con los magníficos profesionales de la enseñanza de ese país). Lo que sí puedo constatar, por mi propia práctica, que es una forma de aprender muy bella aunque muy exigente para el docente que, teniendo en cuenta las ratios de alumnos que manejamos en España, queda desbordado. El maestro debe de armarse con grandes dotes de paciencia, firmeza ante lo que piensen los espectadores inoportunos, que solo perciben el lío liadísimo que se forma, y, sobre todo, un gran convencimiento de que lo que se hace es lo correcto.
Enseñamos al otro lo que descubrimos

Siempre he pensado que una de las labores más importantes del profesor de Infantil es tratar de hacer de su grupo de alumnos: “una piña”, es decir que sean “todos para uno y uno para todos”. Cuanto más alto sea el nivel de cooperación de los alumnos y más bajo el nivel de competitividad, más receptivo será el grupo a los aprendizajes, más positivos sus comportamientos y más entusiastas sus respuestas.

Hemos de compartir el material
Y, ya nos conocemos, que una fue “cocinero antes que fraile”.  Trabajar en grupo no significa  repartirnos los puntos del tema y luego unirlos todos, poniéndonos de acuerdo en el tipo de letra a usar y los espacios, ahora en el Word y antiguamente en la Olivetti. Tampoco significa que el grupo vote y se haga lo que decide la mayoría sin tener en cuenta las peculiaridades y, por qué no, las rarezas de algunos de los miembros más originales.
Trabajar en grupo significa que cada uno aporte al grupo su pequeño grano de arena. Que cada idea sea tomada en cuenta, que el resultado final llene de satisfacción a todos. Esto ante todo ayudará a reflexionar a cada alumno acerca de sus propias capacidades, se animará a ponerlas al servicio de la comunidad y, sobre todo, aprenderá a descubrir y valorar las aptitudes de sus iguales.
La firma del cuadro: "TODOS"

Esto que suena tan bonito pero tan utópico, puede irse consiguiendo, es posible. Podemos darle la vuelta a muchas de nuestras prácticas educativas como si de un calcetín se tratara. Ante todos, maestros y padres, hemos de procurar evitar la competitividad a la que a menudo sometemos a los alumnos o a nuestros propios hijos, comparándolos en sus actividades. Podemos modificar juegos clásicos eliminatorios haciéndolos cooperativos. Hemos de ir compensando los pequeños grupos de trabajo para que sean los propios niños los que mejoren el nivel lingüístico de sus compañeros, su capacidad de atención, sus relaciones sociales, sus discapacidades, sus limitaciones. Podemos formar grupos flexibles que les ayude a conocer todos a todos. Podemos  ayudarles a autoevaluar, a través del dialogo, al final de la jornada, sus actuaciones (una asamblea a última hora de la mañana y no necesariamente a primera, cuando tienen mucho que compartir en sus aportaciones), que reflexionen juntos acerca de las consecuencias de sus actos del día, acerca de los conocimientos que se llevan a casa. Podemos proponernos limitar los trabajos individuales y dedicar un tiempo semanal fijo a los trabajos en grupo, a crear juntos. Hemos de hacerles sentir la responsabilidad del avance de cada uno de los miembros del grupo, como si de su propio avance se tratase.
La limpieza... entre todos
A mayor afectividad entre ellos, mayor apoyo. Las relaciones interpersonales pueden convertirse en una verdadera educación compensatoria. Hemos de descubrir las limitaciones y aptitudes positivas de los otros, hemos de hablar de ellas con naturalidad. Hemos de encontrar soluciones, juntos, para apoyar los aprendizajes de los más débiles. Hemos de explotar las cualidades que necesariamente poseen todos nuestros alumnos, haciéndoles consciente del gran potencial que ellos mismos pueden sacar de ellas.

En el aula, los maestros hemos de descubrir que tenemos un cuarto de centena de maestritos de refuerzo y un cuarto de centena de genios capaces de sorprendernos. Todos para uno y uno para todos. Merece la pena el revuelo que se forma, romper el silencio ancestral de la vieja escuela. En las relaciones afectivas, la cooperación, en el autoconocimiento propio y en el descubrimiento del otro, en la conciencia de grupo, en la responsabilidad hacia los demás…hemos de encontrar el punto de apoyo  para impulsar, desde esa gran palanca que es la escuela, a nuestros peques, con entusiasmo y sintiéndose unidos, al maravilloso mundo de la lectura, la investigación y el aprendizaje.
Juntos encontramos el color de un cielo de otoño

Al final del día comentamos lo que hemos vivido

Tradicional "juego de la silla" con aros

Un peque vale más que un aro

Eliminamos los aros, no a los peques


Corremos al ritmo del pandero, fuera de los aros

Ya solo quedan tres, nos abrazamos porque todos tienen que entrar

Conseguimos entrar en "uno" pero al final caemos

Todos ganamos: nos reímos juntos y somos más amigos